En este artículo veremos qué es el apego seguro adquirido, cómo puede desarrollarse en la edad adulta y qué condiciones pueden ayudarnos a construir relaciones más seguras y satisfactorias.
Muchas personas llegan a terapia con una sensación que se repite una y otra vez en sus relaciones: miedo al abandono, necesidad constante de validación, dificultad para confiar o tendencia a alejarse cuando alguien se acerca demasiado.
Con frecuencia, detrás de estos patrones de interacción con los demás encontramos una memoria relacional que se remonta a experiencias infantiles con nuestros cuidadores: estilos de apego que se desarrollaron durante la infancia y continúan presentes en la vida adulta como esquemas cognitivos, comportamentales y emocionales sobre lo que es el mundo y sobre cómo son las relaciones personales. Son nuestra base para establecer vínculos a lo largo de la vida.
¿Significa esto que estamos marcados para siempre por nuestra infancia?
No necesariamente. La forma en que nos vinculamos puede cambiar. Aunque hayas crecido en un entorno emocionalmente inestable, es posible desarrollar lo que en psicología denominamos apego seguro adquirido.
¿Qué es el apego seguro adquirido?
El apego seguro adquirido es un proceso mediante el cual una persona que desarrolló patrones de apego inseguro durante la infancia consigue construir, en la edad adulta, una forma más segura de relacionarse consigo misma y con los demás.
No significa borrar el pasado ni olvidar las experiencias difíciles. Tampoco implica convertirse en una persona que nunca siente miedo o inseguridad, pues esto es imposible.
Más bien, consiste en desarrollar nuevas formas de interpretar las relaciones, gestionar las emociones y establecer vínculos basados en la confianza, la comunicación, la seguridad emocional y el buen trato.
¿Por qué algunas personas desarrollan un apego inseguro?
La teoría del apego, desarrollada por John Bowlby y ampliada posteriormente por Mary Ainsworth, explica que nuestras primeras experiencias relacionales influyen en la forma en que entendemos el amor, la cercanía y la seguridad emocional.
Cuando nuestras figuras cuidadoras principales fueron consistentes, estuvieron disponibles y respondieron de manera sensible a nuestras necesidades emocionales, podemos desarrollar un apego seguro. Esto nos ayuda a aprender que podemos confiar en los demás y construir un esquema mental en el que el mundo y las otras personas son suficientemente seguros y confiables.
Sin embargo, cuando encontramos rechazo, inconsistencia en las respuestas, negligencia emocional, sobreprotección o experiencias traumáticas, pueden desarrollarse patrones de apego inseguro.
Apego ansioso
La persona teme ser abandonada y suele necesitar señales frecuentes de afecto o validación.
Apego evitativo
Existe una tendencia a protegerse mediante la distancia emocional y una autosuficiencia extrema.
Apego desorganizado
Se mezclan la necesidad de cercanía con el miedo a ella, pudiendo generar relaciones intensas, confusas o caóticas.
Aunque estos patrones suelen tener raíces tempranas, nuestras experiencias posteriores también pueden moldearnos. Nuestra historia influye, pero no determina necesariamente nuestro futuro.

¿Es posible cambiar el estilo de apego en la edad adulta?
Sí.
La investigación sobre el apego muestra que, aunque nuestros patrones relacionales pueden mantener cierta estabilidad a lo largo del tiempo, también existe la posibilidad de cambio. Así lo recoge una reciente revisión de la evidencia sobre apego seguro adquirido que analiza los estudios empíricos publicados sobre este fenómeno.
Las experiencias relacionales posteriores, la capacidad de reflexionar sobre nuestra propia historia y, en determinadas situaciones, un acompañamiento terapéutico de calidad pueden ayudarnos a desarrollar formas diferentes de relacionarnos.
Un conocido estudio longitudinal de Waters, Merrick, Treboux, Crowell y Albersheim siguió durante 20 años a personas cuyo apego había sido evaluado durante la infancia. Una gran parte mantuvo su clasificación de apego en la edad adulta, pero también se observaron cambios, especialmente en relación con acontecimientos vitales importantes.
Esto refuerza una idea especialmente relevante: el apego puede mostrar estabilidad, pero permanece abierto a nuevas experiencias a lo largo de la vida.
Nuestra capacidad de aprendizaje y adaptación tampoco desaparece al llegar a la edad adulta. Las experiencias emocionales seguras y repetidas pueden ayudarnos a construir nuevas formas de interpretar la intimidad, gestionar nuestras emociones y responder dentro de las relaciones.
Por eso hablamos de apego seguro adquirido: una seguridad emocional que quizá no estuvo presente desde el principio, pero que puede construirse progresivamente con nuestras experiencias vitales.
En definitiva, aquellos esquemas mentales que desarrollamos tempranamente sobre lo seguro, cálido y confiable que resulta el mundo pueden verse influidos positivamente por relaciones posteriores y también mediante un proceso de psicoterapia reparadora.
¿Cuánto tiempo tarda en desarrollarse un apego más seguro?
Cambiar patrones relacionales que llevamos utilizando durante años no suele ser un proceso rápido.
Se produce progresivamente, mediante la acumulación de experiencias distintas y suficientemente consistentes a lo largo del tiempo.
No existe un plazo igual para todas las personas. Dependerá de nuestra historia, de las dificultades presentes, de la disponibilidad y calidad de las experiencias emocionales correctivas y de las relaciones que mantenemos en nuestro entorno, incluida, cuando existe, la propia relación terapéutica.
Por eso, más que pensar en un plazo concreto, resulta más útil entender la construcción de un apego seguro adquirido como un proceso gradual.
¿Cómo desarrollar un apego seguro adquirido?
1. Mantener un entorno mínimamente seguro
Difícilmente podremos reparar nuestras heridas si seguimos viviendo en entornos negligentes, de amenaza psicológica o dañinos.
Una parte importante de la mejoría comienza evaluando nuestro presente y tomando decisiones que nos permitan no permanecer constantemente en modo de defensa, dando paso a procesos más reflexivos.
2. Comprender nuestros patrones relacionales y nuestra historia vital
Si no revisamos lo que ocurrió en el pasado, existe el riesgo de repetir determinados patrones sin ser conscientes de ello.
Revisitar el pasado no significa necesariamente revivirlo, sino poder tener una experiencia reflexiva y sentida sobre lo que vivimos, incluidas nuestras experiencias de la infancia. Poder mirar aquello que ocurrió desde otros ojos, desde otros ángulos, y aprender de nuestra propia historia.
3. Aprender a regular las emociones presentes
Muchas personas con historias marcadas por un apego inseguro reaccionan en sus relaciones desde la impulsividad emocional, la agresividad o el bloqueo afectivo.
Nuestras relaciones actuales —pareja, padres, hijos u otras personas importantes— pueden convertirse en escenarios donde observar aquello que nos cuesta y aprender progresivamente a hacerlo de otra manera.
Al desarrollar recursos alternativos de regulación emocional, podemos responder de forma más consciente y menos automática.
4. Crear y experimentar relaciones emocionalmente seguras
Vincularnos con personas que mantienen buenos tratos hacia nosotros puede favorecer profundamente nuestra manera de relacionarnos.
Personas que respetan nuestros límites personales, escuchan, validan nuestras emociones y mantienen una comunicación coherente pueden proporcionarnos nuevas experiencias emocionales desde las que construir mayor seguridad.
5. Pasar por un proceso psicoterapéutico

La terapia psicológica puede ofrecer un espacio seguro para comprender el origen de determinados patrones y desarrollar nuevas formas de relación.
En muchos casos, el propio vínculo terapéutico puede convertirse en una experiencia relacional diferente que nos permita trabajar la confianza, la regulación emocional y la seguridad que necesitamos en nuestros vínculos con los demás.
Cuando existen heridas o traumas de apego, trabajar con un profesional especializado puede ayudar a comprender su origen y abordar los patrones relacionales que siguen generando malestar en la vida adulta.
Tu historia influye en tus relaciones, pero no tiene por qué determinarlas
Tu historia influye en la forma en que te relacionas, pero no determina quién serás para siempre.
El apego seguro adquirido nos recuerda algo fundamental: existe la posibilidad de aprender nuevas formas de vincularnos. Tenemos una segunda oportunidad que podemos elegir conscientemente.
Construir relaciones basadas en la confianza, la autenticidad y la seguridad emocional es un proceso que requiere tiempo, conciencia y, en algunos casos, ayuda profesional. Pero el cambio es posible.
Y muchas veces el primer paso comienza cuando dejamos de preguntarnos únicamente qué nos ocurre y empezamos a preguntarnos qué necesitamos para relacionarnos de una manera diferente.
Bibliografía
- Bowlby, J. A Secure Base: Parent-Child Attachment and Healthy Human Development.
- Bowlby, J. Attachment and Loss.
- Barudy, J. y Dantagnan, M. Los buenos tratos a la infancia. Parentalidad, apego y resiliencia.
- Waters, E., Merrick, S., Treboux, D., Crowell, J. y Albersheim, L. (2000). Attachment Security in Infancy and Early Adulthood: A Twenty-Year Longitudinal Study. Child Development, 71(3), 684-689.
- Filosa, M., Sharp, C., Gori, A. y Musetti, A. (2024). A Comprehensive Scoping Review of Empirical Studies on Earned Secure Attachment. Psychological Reports.







